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Un SMS viaja desde el móvil de una mujer de Shabunda hasta Bukavu, unos 400 km. En el SMS, en swahili, se lee: “Hay casos de inseguridad creciente observada en mi territorio especialmente porque se utiliza a la mujer como objeto, no se la respeta, la desnudan al aire libre, los hombres cambian de mujer como de camisa. Las mujeres son golpeadas e insultadas sin respeto”.

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La violencia dom茅stica que esconde la explotaci贸n del oro
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Un SMS viaja desde el móvil de una mujer de Shabunda hasta Bukavu, unos 400 km. En el SMS, en swahili, se lee: “Hay casos de inseguridad creciente observada en mi territorio especialmente porque se utiliza a la mujer como objeto, no se la respeta, la desnudan al aire libre, los hombres cambian de mujer como de camisa. Las mujeres son golpeadas e insultadas sin respeto”. En Bukavu, Femme au Fone registra, sistematiza y analiza este SMS, y otros 3.000 más llegados desde Sur Kivu.

Femme au Fone o Mujeres al Teléfono es un sistema a través del cual se envían y se reciben Mensajes de Texto (SMS) con denuncias, alertas y casos sobre la seguridad de las mujeres; está instalado en una radio comunitaria de Bukavu, capital de la provincia de Sur Kivu, al este de la República Democrática del Congo (RDCongo); a él envían información, regularmente, desde sus smartphones mujeres de toda la provincia; también desde Shabunda, uno de los territorios más aislados y empobrecidos de los ocho que forman Sur Kivu.

Las mujeres logran comunicarse superando dificultades como la escasa cobertura de telefonía móvil, la falta de energía o la imposibilidad de recargar de unidades el teléfono por no tener dinero suficiente. Las mujeres de Shabunda se pusieron en contacto con Femme au Fone en numerosas ocasiones para denunciar la discriminación, las violencias sexual y doméstica y el impacto negativo del negocio ilegal de extracción de oro.

El escándalo geológico

Shabunda es conocido como “el enclave” porque acceder a este territorio por tierra es casi imposible; por ello conserva un enorme potencial forestal y turístico, con ríos abundantes, aguas termales y bosques ricos en biodiversidad, además de ser una tierra fértil, apta para todo tipo de cultivos; el sueño de convertirse en el granero de la provincia es recurrente entre las mujeres, que son quienes se dedican a la agricultura en mayor proporción que los hombres, más ahora que la fiebre del oro se ha hecho con la ciudad.

Jason Stearns, analista de las crisis cíclicas, sistemáticas y violentas de la RDCongo, autor del blog SiasaCongo y co fundador del Grupo de Investigaciones del Congo, dice que el país es un “escándalo geológico” por su cantidad y variedad de minerales. La abundancia de Shabunda es brillante y aurífera, toneladas de oro se extraen de forma artesanal (e ilegal, dado el vacío en la normativa actual) y se exportan cada año. Dados los altos niveles de desempleo y de empleos con salarios miserables, el oro de Shabunda es un reclamo en la región de los Kivus: única fuente de trabajo y de ingreso familiar para hombres y mujeres.

En los dos últimos años, el oro atrae como un imán a cientos de hombres de todo el país y a no pocas mujeres de las provincias vecinas. Estimar la población de Shabunda es difícil, aproximadamente 900.000 habitantes, porque el trasiego es constante, muchas personas llegan huyendo de la violencia en las aldeas del interior, controladas en buena parte por grupos armados; y otras, llegan por el oro.

El número de dragas que flotan sobre los ríos Lugulu y Ulindi aumenta sin parar desde 2014. A mediados de 2015, había cuatro industriales, propiedad de la sociedad china Kunhou Mining Group, y 175 dragas artesanales, según la Coalición de organizaciones de la sociedad civil de la región de los Grandes Lagos contra la explotación ilegal de los recursos naturales (COSOC). Entre todas extraen ocho toneladas de oro al año; y todas son ilegales. Son los datos del único estudio de campo realizado hasta ahora en Shabunda.

A los datos mineros de la COSOC, hay que sumar los del sistema Femme au Fone sobre las condiciones de vida de las mujeres, porque tras analizar los SMS recibidos desde Shabunda, FAF constata que el incremento de la explotación artesanal del oro trae problemas adicionales ligados a la seguridad de las niñas y las mujeres. La explotación humana propia del trabajo en una mina artesanal no regulada crea dependencia del alcohol, disputas violentas, prostitución, abuso y explotación sexual de menores, deserción escolar, violencia doméstica, asesinatos y, en el caso de Shabunda, aumento de la tasa del VIH/SIDA, un 27% en los últimos dos años.

La fiebre del oro es una coyuntura que agrava los niveles de violencia machista en Shabunda. Pero además las mujeres hablan de la discriminación normalizada gracias a costumbres y tradiciones fuertemente arraigadas en esta tierra. En sus mensajes, hay recomendaciones dirigidas a las autoridades locales, nacionales e internacionales con el fin de que alguien ayude a mejorar su seguridad y las de sus hijas e hijos, como por ejemplo: erradicar los grupos armados; crear empleo; educación para las niñas; apertura del territorio a través de la rehabilitación de caminos y carreteras; dinamizar la agricultura y la ganadería y promover Shabunda como granero de Sur Kivu; asegurar la libre circulación de personas y bienes; rehabilitar los centros de salud, y de salud maternal, y dotarles de medicamentos, equipo y personal de calidad.

Un negocio millonario… para ellos

En las minas de oro de la RDCongo, las mujeres realizan diferentes tareas: las twangaises, pican trozos grandes de arena y piedras; las porteadoras, cargan fardos de arena y piedras hasta el lugar donde se muelen; las hidráulicas, acarrean agua fría; otras mujeres se sitúan en zonas de lavado de arena y otras, llamadas bizalu, lavan por enésima vez la arena desechada por los demás, en busca de cualquier pizca de oro, por pequeña que sea.

Según el estudio realizado en Shabunda por COSOC, hay cuatro actores principales que se reparten los beneficios millonarios del oro: la SAESSCAM, una entidad de la administración pública que pide una tasa del 10% de la producción de cada draga, y se embolsa cada mes 1.300.000 dólares. El ejército y la policía, que ayudan en la recolección del impuesto y cobran a su vez por ello; los jefes tradicionales o mwami, quienes cobran su parte del negocio, por ejemplo en el informe de COSOC se dice que la Chefferie de Bakisi, es decir la jefatura de la localidad de Bakisi, se embolsa al mes 1.600.000 dólares. Y, finalmente, los grupos armados, que también “ayudan” a recolectar los impuestos a la administración y, además cobran los suyos propios. El dinero obtenido del oro se escurre gracias a que el código minero y el reglamento actuales no regulan explícitamente la extracción con dragas, quedando un vacío de control de fondos por el que se cuelan los millones. COSOC constata que el dinero que se obtiene en el territorio del oro, no llega a las arcas públicas y, mucho menos, se invierte en el desarrollo de la paupérrima Shabunda.

COSOC afirma que el grupo armado Raïa Mutomboki, o “ciudadanos indignados” en idioma swahili, presentes en la región desde hace años, recibe 250.000 dólares al mes por las 50 dragas que tiene bajo su control directo.

La connivencia entre grupos armados, ejército, mwami, empresas y administradores públicos en zonas de la RDCongo con abundantes minerales y minas es un hecho que constatan otras fuentes; entre ellos, Congo Research Group (Grupo de investigaciones sobre Congo) que recientemente publicó un mapa donde identifica 69 grupos armados presentes en las provincias Norte Kivu y Sur Kivu. Para este grupo “el meollo del conflicto está cada vez menos relacionado con los conflictos locales por la tierra y la identidad, y más con la debilidad del Estado congoleño, el uso de grupos armados por las élites políticas y militares para extraer recursos y reforzar su poder, y una sociedad en la que decenas de miles de hombres jóvenes han sido o son actualmente insurgentes (de ellos, menos del 5% probablemente son mujeres)”; Shabunda, parece seguir este patrón.

La mayoría de las mujeres que trabajan en los sitios auríferos apenas ganan para comer, y cuando la actividad acaba, por lo general, regresan a sus tareas habituales, es decir, la agricultura o la venta en el mercado; en ningún momento abandonan el cuidado de la casa y de los hijos, es decir, la sobrecarga de tareas y el estrés que produce llevar el peso de la familia son un problema, y así lo expresan las mujeres y las jóvenes de Shabunda.

 

Denuncias y recomendaciones en los SMS

Una mujer embarazada fue golpeada por su marido hasta que tuvo que ser hospitalizada, la razón: un conflicto entre la esposa y la suegra. SMS de Shabunda, recibido en FAF en febrero, 2015.

El 6 de mayo de 2015, Femme au Fone recibió un SMS desde Shabunda: Los Raïa Mutomboki violaron a 36 mujeres en Kikamba. Están siendo atendidas por MSF.

 

Inmediatamente, el equipo de periodistas de FAF inició la verificación del mensaje, contrastando fuentes diversas. Finalmente, se reconstruyó el caso de la siguiente manera: la tarde del 1 de mayo 2015, durante una incursión del grupo armado Raïa Mutomboki en la villa de Kikamba, territorio de Shabunda, los hombres violaron a un grupo de mujeres. El hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) atendió a 127 víctimas de violación sexual esa noche y los días sucesivos. A todas les entregó el kit de emergencia PEP (según el protocolo médico de urgencia para casos de violación) que evita, entre otras cosas, el contagio de enfermedades de transmisión sexual y el embarazo.

A día de hoy, el número exacto de niñas y mujeres que fueron violadas durante el ataque continúa variando entre las 127 que MSF aseguró haber tratado, y las 30 que admitió el ministerio provincial de salud. Hasta tal punto han llegado los niveles de negligencia e impunidad para los casos de violaciones sexuales, en el este de la RDCongo.

Los mensajes telefónicos que FAF recibe de las mujeres de Shabunda hablan de saqueos, secuestros, muertes y violaciones sexuales cometidas por los Raïa Mutomboki, principalmente; y de muertes, insultos y abusos relacionados con la herencia, la tenencia de la tierra y el manejo de los bienes familiares, cometidos por el marido o la familia política.

Durante dos años, el equipo de FAF compuesto en su mayoría mujeres periodistas, ha analizado los más de 3.000 SMS e incidentes sobre la seguridad enviados al sistema entre enero de 2014 y diciembre de 2015; ha realizado programas de radio sobre la inseguridad que a diario padecen las niñas y las mujeres de Sur Kivu; ha interpelado a las autoridades, a la comunidad internacional y a las organizaciones locales; ha publicado noticias y denuncias sobre la violencia de género; ha viajado a los territorios para entrevistar a las mujeres; ha tratado de dar salida a las denuncias de acoso, violación, abandono del hogar, poligamia, acusaciones de brujería y asesinatos.

La radiografía de Shabunda que resulta del análisis de las opiniones expresadas por las mujeres del territorio, se resume así: aislamiento debido a la falta de carreteras y a la presencia de grupos armados; desempleo; poligamia y abandono de la familia por parte del marido; sobrecarga de trabajo para la mujer, único sostén de la familia en muchos casos; no escolarización de las niñas y abandono de la escuela cuando aún son pequeñas; violencia doméstica; alcoholismo, prostitución y explotación sexual de menores asociados a la presencia de dragas para extracción de oro; costumbres retrógradas; privación de la mujer del derecho a la herencia; ausencia de matrimonio civil; acceso limitado a la justicia y presencia permanente de militares.

La violencia doméstica en zonas de conflicto armado

Pensé que estudiar, tener un marido e hijos era suficiente para que alguien viva seguro, ahora me doy cuenta de que la seguridad toca muchos aspectos de la vida cotidiana: la persona debe poder viajar segura, estar segura en el lugar de trabajo, al ir al campo o en la fuente de agua potable. SMS de Shabunda.

Dicen las mujeres de Sur Kivu en sus SMS que los lugares más peligrosos para ellas son los que frecuentan cada día: la escuela, el campo, el mercado, la casa y los puntos de recogida de agua. En el caso de Shabunda además, las minas de oro por lo que conlleva de alcoholismo, prostitución, abandono familiar, poligamia y explotación sexual de niñas, entre otras situaciones. Esta conclusión difiere de la imagen internacional que se ha proyectado de los Kivus y del Congo, interesadamente, en los últimos diez años, que hipervisibiliza la violencia sexual como arma de guerra y generaliza su impacto. La ausencia de estadísticas sobre la violencia de género, en general, y la violencia doméstica, en particular, ha permitido sobre exponer la violación en el contexto de los conflictos armados como el único crimen que los hombres han perpetrado sobre las mujeres en territorio congoleño; y ha ocultado la violencia machista cotidiana, antecedente ininterrumpido e inmediato de la violación en tiempos de guerra.

Solange Lusiku Nsimire, periodista y directora del periódico Le Souverain en Bukavu, es categórica: “La violencia sexual se ha convertido en un negocio para organizaciones locales e internacionales y periodistas. Se busca el sensacionalismo y con él los fondos, enormes cantidades de dinero que están ahí para la lucha contra la violencia sexual desde hace muchos años y hasta hoy. La [violencia] doméstica no se financia. Se ha convertido a la mujer congoleña en una cosa que se repara”.

Ellos (los hombres) hacen cualquier cosa a las mujeres debido a que son las que ganan el dinero, manchan la consideración de las mujeres en la comunidad y abren la puerta a todo tipo de violencia doméstica aquí en Shabunda. SMS desde Shabunda, enviado por una mujer.

Femme au Fone concluye que a las mujeres de Sur Kivu les preocupan más las consecuencias de la violencia doméstica y de la inseguridad económica y física que sufren ellas y sus hijas a diario que la violación sexual a grupos de mujeres, perpetrada por soldados y grupos armados en sus incursiones a pueblos o agrupamientos.

Otra conclusión es que la violencia es continua: siendo niñas viven bajo normas que las discriminan en la casa y en la escuela; como mujer adulta asume una sobre carga de tareas y responsabilidades que los varones no tienen; si enviuda, y tiene bienes, corre el riesgo de ser acusada de brujería y de morir a manos de la justicia popular o desheredada por la familia política. En la práctica, muchas niñas y viudas no heredan los bienes de sus padres o maridos. Las mujeres señalan a maridos, padres, hermanos y familia política como los principales causantes de los crímenes o abusos.

La violencia doméstica mata a las mujeres de Sur Kivu más que el conflicto armado. Dice una mujer en un SMS: "La mujer aún vive mucha inseguridad en Shabunda; una mujer ha sido asesinada por su pareja. Argumentaron que el hombre se comió los cacahuetes que ella había comprado sin que ella le diera permiso". Las mujeres denuncian que los hombres usan instrumentos para agredirlas, como vigas, cuchillos y machetes; y que son golpeadas, desnudadas, insultadas en público, expulsadas de sus casas por los maridos y reemplazadas por otras: "Un hombre golpeó a su esposa usando una viga y le lesionó el cuello. Ella está en el hospital". Otros SMS informan de femicidios: "Otra mujer ha sido asesinada por su marido en Mankulu. Deja 4 hijos. El marido está arrestado"; "Un muchacho joven mató a su novia porque se la encontró caminando con otro chico".

En territorios menos aislados de Sur Kivu, y con menos presencia de grupos armados pero con igual cantidad de desempleo, las mujeres reivindican su derecho a trabajar en las minas como los hombres, y a cobrar igual que ellos. En la provincia existen más de 500 minas artesanales que dan de comer a miles de familias. Una geóloga, conocedora de la situación a pie de mina, plantea que “el trabajo en la mina no es más duro ni peor que el del campo o el de las porteadoras (mujeres que cargan hasta 100 kilos a sus espaldas y cobran por ello); y da más dinero para poder mantener a la familia y escolarizar a los hijos’’. Las propias mujeres de Shabunda reivindican abiertamente acceder a sus derechos y aumentar su participación. Ellas están haciéndose cada vez más visibles y este proceso solo puede contribuir a mejorar la vida en Shabunda.