Gafas moradas para el Covid-19

En tiempos de pandemia, LolaMora se une a las reflexiones sobre cómo esta situación mundial afecta a mujeres y niñas de forma específica. Comprender y anticiparse a los impactos diferenciados sirve para idear políticas y tomar medidas que respeten la igualdad. Un factor de desigualdad es el hecho de que no existan datos concretos desagregados por género sobre el impacto del Covid-19; como tampoco existieron en las epidemias del el ébola y el Zika.

Para ONUMujeres, partiendo de las premisas de la desigualdad económica y social entre hombres y mujeres y del continuum de la violencia de género -que se exacerba en tiempos de guerra y de crisis humanitarias- es necesario que en la presente crisis de salud cada país haga un seguimiento a lo que sucede en términos de violencia de género contra las mujeres y las niñas.

Sobre las políticas y los esfuerzos de salud pública por tratar los impactos de género en la respuesta a la enfermedad coronavirus 2019 (COVID-19), la revista científica The Lancet dice:

No tenemos conocimiento de ningún análisis de género del brote por parte de las instituciones sanitarias mundiales o los gobiernos de los países afectados o en las fases de preparación. Reconocer la medida en que los brotes de enfermedades afectan de forma diferente a mujeres y hombres es un paso fundamental para comprender los efectos primarios y secundarios de una emergencia sanitaria en diferentes personas y comunidades, y para crear políticas e intervenciones eficaces y equitativas.

Otra preocupación la levanta la organización Médicos del Mundo, que dice en un artículo en su sitio web :

Aunque, según hemos podido comprobar desde Médicos del Mundo, la mayoría de clubes de carretera y pisos han cerrado sus puertas ante la actual situación de estado de alarma, algunas se ven abocadas a ejercer con prostituidores que ya conocen para hacer frente a la grave situación económica a la que se enfrentan, ya que en muchos casos tienen que pagar las habitaciones y pisos donde están confinadas e incluso tienen familiares a cargo.

Según han contado ellas mismas a los equipos de Médicos del Mundo -que ante la imposibilidad de atenderlas directamente estos días, las llaman por teléfono para hacer seguimiento y darles apoyo psicosocial- están confinadas en los clubes y pisos cerrados y son los encargados de los lugares los que les suministran de momento alimento y otras necesidades.

Como ya se sabe, los cuidados en el sector sanitario los dan las mujeres pero las decisiones las toman los hombres. Según la Organización Mundial de la Salud las mujeres representan el 70 por ciento del personal sanitario remunerado del mundo y solo un 25 por ciento de ellas ocupa puestos de toma de decisiones, lo que se traduce en desigualdad y discriminación. Esta desigualdad se da tanto en los países como en los organismos regionales e internacionales de salud.

Respecto al trabajo de cuidados no remunerados, según OMS el 90 por ciento de las mujeres del mundo son las responsables de los cuidados dentro de la familia o la comunidad. Las cuidadoras no tienen tiempo de buscar un trabajo remunerado que les podría procurar, entre otras cosas, una autonomía económica y la capacidad de acceso directo a la salud y a la toma independiente de decisiones respecto a su cuerpo y su salud.

En estos tiempos de pandemia y de medidas severas en países como China, Italia, España o Francia el efecto de medidas que no tomen en consideración los roles de género puede ser un aumento de la discriminación, la violencia y la pérdida de derechos. Por ejemplo, el cierre de escuelas, el teletrabajo y el confinamiento de la población en sus casas provoca que el peso de ocuparse de hijos e hijas, cocinar o limpiar baños recaiga “naturalmente” en las mujeres de la casa.

El confinamiento obligado de la población en sus casas conlleva otro riesgo, el aumento de la violencia intrafamiliar física (violencia, violación e incesto) y psicológica. En China, durante el mes de febrero, las denuncias de violencia intrafamiliar se triplicaron en ciudades donde la población estaba en cuarentena, según afirman activistas. Estos datos requieren una especial atención desde las autoridades estatales y desde la sociedad civil.

 

¿Qué se puede hacer?
En las Islas Canarias, el Instituto Canario de Igualdad lanzó la iniciativa “Mascarilla 19” para proteger a mujeres que viven confinadas con sus agresores. “Mascarilla 19” es la contraseña que la mujer víctima debe decir en la farmacia para alertar de su situación y sacar inmediatamente del domicilio al hombre denunciado.

En algunos países de la Unión Europea se hacen llamados a la gente para que, en caso de advertir violencia en casa vecina, la denuncien. El vecindario debe ser un factor de alivio ya que la violencia machista, doméstica, intrafamiliar…. No pertenece al ámbito íntimo o privado sino que es un problema de salud pública y de seguridad ciudadana. Es fundamental mantener abiertos y activos los servicios de ayuda a las víctimas de violencia intrafamiliar: policías, juzgados y servicios de salud.

Los Estados deberían aprender de errores cometidos en crisis anteriores y dar una respuesta al manejo de la pandemia global coronavirus 2019 (COVID-19) que integre las necesidades de las mujeres y las niñas.

Más en la entrevista para el programa de radio 4ELEMENTOS.