Masculinidades y Violencia Intrafamiliar.
Por María José Sifón*
Diciembre 2011
Cuando en Lolamora Producciones me propusieron escribir un artículo para este boletín pensé en el período en el que nos encontrábamos “los 16 días de activismo por
Para este artículo utilicé tres artículos que salieron en los medios de comunicación el día 29 de noviembre de 2011. El primero de ellos, que surge de la tapa de un periódico de distribución gratuita y cuyo titular decía “Era celoso y posesivo”[3]. Este artículo hace referencia a como los/as vecinos/as de las víctimas describían las características de la personalidad del imputado por un cuádruple homicidios “cuádruple femicidio” que tuvo lugar en la localidad de
La segunda noticia que encontré y cuyo Titulo rezaba “Apuñaló a la madre de sus hijos en plena calle”[4]. La noticia relata el caso de una mujer que fue apuñalada por su ex pareja cuando salía, junto a su hermano, de la Comisaría de ponerle una denuncia por las amenazas telefónicas que le propinaba. La víctima recibió 7 puñaladas con un cuchillo tramontina.
El tercer artículo denominado “Un hombre atacó a su ex pareja con un cuchillo”[5], cuenta que una mujer recibió varias puñaladas de su ex pareja mientras cenaba con un amigo en su casa.
Los tres artículos tienen varios elementos en común, algunos más obvios, otros no tanto, y todos ellos están relacionados con un concepto emergente que es el de las masculinidades. Al mismo tiempo este concepto de masculinidades esta asociado a la violencia, este último como constitutivo del primero.
Lo más llamativo es el nombre del primer artículo “era celoso y posesivo”. Como punto de partida, busqué el significado de la palabra posesivo, “de la posesión, o relativo a ella”, y al relacionarlo con la violencia de género se me aclararon muchas cosas: el imputado, en este primer caso, ve a la otra como un objeto de su posesión, que implica que su pareja pierde la calidad de persona, de sujeto de derechos, derechos fundamentales como a ser libre de salir con una amiga/un amigo a separarse de la pareja, a una vida sin violencia o en otros términos a una vida saludable entendida como un nivel de vida adecuado.
Este elemento de la posesión -si bien no está presente explícitamente en los relatos de los otros hechos de violencia- subyace en el hecho de que las dos víctimas se habían separado de los denunciados y ya no eran objetos de su control. Al mismo tiempo, la posesión se percibe en la forma en la que las víctimas fueron violentadas, todas con armas blancas y en la gravedad de la violencia, lo que me lleva nuevamente a pensar “esos cuerpos que hay que poseer, ese derecho del varón a poseer el cuerpo de la mujer, esa suposición del varón a tener más derechos que las mujeres”.
Estos hechos, nos permiten conceptualizar la violencia como una manifestación de la desigualdad de poder histórica existente entre los varones y las mujeres.
La siguiente pregunta que debemos hacernos es: ¿Dónde surge la suposición de los varones de creer que tienen más derechos que las mujeres, que fundamenta esa desigualdad de poder?
Esa desigualdad de poder se fundamenta en el modelo social de masculinidad basado en relaciones de hegemonía y subordinación de unos sobre otros y otras. Un modelo -insisto social y que varía en cada periodo histórico, en cada lugar, en cada cultura- de masculinidad que coloca en un lugar de subordinación a todo/toda que nos responde a los atributos y mandatos que el mismo exige.
Con ello establecido podemos pensar en el segundo elemento que es el de la salud, entendida esta como el adecuado nivel de vida, y no la mera ausencia de enfermedad. Entendiendo que la violencia es un problema de salud pública por las consecuencias devastadoras que tiene en la salud de las que la sufren y no porque la misma sea consecuencia de una enfermedad.
De nuevo, volvemos al modelo social de masculinidad hegemónico, a los estudios de género que incorporan estos conceptos y los relacionan con la salud tanto de los varones como de las personas que los rodean, otros varones, mujeres, niños/as.
Así, los estudios de masculinidad y género relacionados con la salud establecen que los valores matrices del modelo social de masculinidad tradicional hegemónica -como autosuficiencia, belicosidad heroica, autoridad sobre las mujeres y valoración de las jerarquías- que los varones adquieren a través de su socialización, y no por nacer varones, son considerados factores de riesgo para la salud de los propios varones, de otros varones y de las mujeres y niños/as que los rodean.
En ese sentido, los estudios establecen que “las acciones de los varones también tienen efectos no saludables en las mujeres y los/as niños/as y en ellos el modelo social de la masculinidad tradicional hegemónica es también un factor de riesgo. De este modelo derivan el sexismo y el machismo con su creencia de tener más derechos que las mujeres y que lo doméstico y la crianza es cosa de ellas. Estos valores favorecen la producción de maltratos de diversos tipos con graves daños en la salud y la vida de mujeres y niños/as (…)”[6].
Creo que los conceptos vertidos en los párrafos precedentes y los hechos de violencia que en un solo día se dieron a conocer, determina la necesidad de una política pública seria y generalizada en la que todos los varones –aquellos que ejercen violencia y en especial aquellos que no la ejercen- sean sujetos específicos de intervención.
Ello me lleva a reflexionar sobre el último elemento al que me quiero referir, el de la impunidad. Para ello, hay que aclarar y resaltar que en los artículos periodísticos arriba mencionados, al primer imputado se lo consideraba como violento y en los otros dos hechos existían denuncias previas sobre violencia intrafamiliar.
Impunidad -no sólo de parte de los agresores que llegan a agredir y en el primer caso asesinar a otras personas para quedar impunes y que surge como ya mencionamos de los atributos del modelo de masculinidad hegemónico dominante- sino en especial sobre la impunidad que deviene de la ausencia de medidas tanto para resguardar a la víctima de nuevas agresiones, como las que puede determinar un juez (la prohibición de acercamiento, la perimetral, la posibilidad de colocar un vehículo policial que resguarde a la víctima, entre otras[7]) y de la ausencia de políticas públicas que trabajen con todo el colectivo masculino.
Quiero aclarar que en mi país, en especial en la Ciudad autónoma de Buenos Aires, existen organizaciones, tanto gubernamentales como no gubernamentales, que tienen grupos de mutua ayuda para varones violentos.
La pregunta que debemos hacernos es: ¿Es suficiente? ¿Es suficiente trabajar con los casos en los que de alguna forma la violencia salió a la luz? ¿Qué pasa con la educación que reciben los varones? ¿Qué pasa con aquellos varones que no responden a los atributos y mandatos exigidos para ser hombre?
Para terminar y quizás como una posible respuesta quiero compartir unas ideas de Luis Bonino (2008) especialista en masculinidades, que considera que incluir a los varones, desde un enfoque integral de la violencia de género, implica tenerlos como sujetos específicos de intervención pero, no sólo de sanciones judiciales, sino también de investigación, prevención y compromiso[8].
En este sentido, Bonino considera que “es necesario dirigirse a todo el colectivo masculino, en tanto todos los hombres, de una u otra manera, por acción, omisión, complicidad, o indiferencia, son parte del problema de la existencia de género, y por tanto, tienen que ser parte de la solución”[9].
[1] María José Sifon abogada de
[2] La legislación nacional relacionada con el tema incluye como violencia intrafamiliar o violencia domestica aquella modalidad de violencia de género que es ejercida por un integrante del grupo familiar. Entendiendo por grupo familiar el originado por parentesco, sea de afinidad o consanguinidad, el matrimonio, las uniones de hecho y las parejas o noviazgos e incluye relaciones vigentes o finalizadas, no siendo requisito la convivencia. (v. Artículo 6° inciso “a” de
[3] El Argentino, Martes 29 de noviembre de 2011. AÑO 4. NÚMERO 929.
[4] Tiempo Argentino, Martes 29 de noviembre de 2011 http://tiempo.infonews.com/notas/apunalo-madre-de-sus-hijos-plena-calle
[5] Tiempo Argentino. 29 de noviembre de 2011 obtenido de la página de Internet del periódico http://tiempo.infonews.com/notas/hombre-ataco-su-ex-pareja-con-cuchillo
[6] Bonino, Luis (2001): “Salud, Varones y Masculinidad” de Voces de Hombres por
[7] V. Artículo 26.- Medidas preventivas urgentes de
[8] Bonino, Luis (2008): “Hombres y Violencia de Género. Más allá de los maltratadores y de los factores de Riesgo” de
[9] Bonino, Luis (2008): “Hombres y Violencia de Género. Más allá de los maltratadores y de los factores de Riesgo” de